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        ¡Cuántos vecinos en la calle asomándose a su balcón, a su ventana!, cada uno, con una realidad distinta.

        Y al pensar en las parejas, que viven en sus casas, confinadas,  ¡qué diferente debe ser esta situación, no solo por los condicionantes externos de cada realidad personal, sino también, y muy importante, por los recursos personales y la fortaleza que la pareja haya ido construyendo!

       Eso sí, todas las parejas tienen algo en común en estos momentos:  han pasado de no tener tiempo a estar encontrándose todo el tiempo.

       Sin embargo, encontrarse todo el tiempo no implica cuidar la relación, ni entenderse más, incluso a veces puede ser causa de mayores tensiones y conflictos.

        Se han presentado días, y seguirán presentándose, en los que hay que sortear dificultades que no existían antes del confinamiento como por ejemplo,  preocupación por nuestra salud y la de la familia, en ocasiones tener la muerte más presente o el dolor de un familiar que se ha ido, a veces dificultades económicas, presiones y adaptaciones  laborales, también puede que se haya presentado  la carga escolar de los hijos con mayor intensidad, y desde luego,  la libertad y la individualidad de la que antes disfrutábamos  que ahora se ha reducido  considerablemente.

         Todos estos aspectos o parte de ellos, aunque sean personales e individuales, también corresponden e inciden en la pareja.

          Y ¡qué difícil es sortear las dificultades individuales sin ponérselas al otro, y más aún en estos momentos! Siempre es más fácil, y en principio menos doloroso, ver el “y tú…”  que el “yo puedo hacer…”

          Sin embargo ¡cuántos conflictos de pareja se evitan cuando individualmente se busca el “yo puedo hacer”, una vez, eso sí, se ha conseguido aliviar las emociones!

            Esta situación exige prestar atención al estado de ánimo propio que puede variar día a día, incluso a lo largo del mismo día.

             Solo si se presta atención al malestar propio, responsabilizándose de él sin ponerlo en el otro, se podrán ir resolviendo los conflictos y las tensiones que aparezcan en estos momentos.

            Es importante cuidar la pareja construida con responsabilidad individual y común. Desde lo individual es interesante generar momentos para aislarse -en la medida en que se pueda- y buscar un espacio íntimo de seguridad con uno mismo, o con otras personas queridas. También es importante “mantener el cuerpo en marcha” y de esta forma, aliviar y calmar lo que se está sintiendo.

            Si puedes dirigir tu mirada hacia ti, con aceptación de lo que sientes y compasión, es más fácil dirigirla hacia el otro como alguien que está intentando resolver una situación vital complicada, al igual que tú. También es más fácil expresar las necesidades individuales y ver las comunes.

            Conseguir encontrar la capacidad de estar solos estando en compañía, y encontrarse para sostenerse, cuidarse, amarse mutuamente, ayudará a activar con más fuerza la necesidad humana de estar más juntos como un buen mecanismo de resiliencia para sostener las situaciones vitales que han aparecido. Tomando consciencia, al recordar la historia de la pareja, de aquellas fortalezas que la salvaron en otros momentos en situaciones también difíciles

            Solo desde esta responsabilidad individual y compartida, cada uno en el lugar que le corresponde, como adultos, se puede encontrar en la pareja un punto de apoyo importante, una suma más que una resta.